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Un enemigo de los oídos: el bruxismo

Un enemigo de los oídos: el bruxismo

El dolor de oídos normalmente lo asociamos a las otitis, a algún barotrauma o por cuestiones de salud más severas. Lo más común es que los resfriados sean los que provoquen estas otitis, pero también la humedad o el exceso de sequedad en el conducto auditivo puedan provocar estos dolores.

Como bien hemos comentado antes, el exceso de ruido o un trauma acústico son otra fuente para que los oídos puedan dolernos. Los barotraumas, esos cambios de presión que se sufren cuando se hace buceo o cuando viajamos en avión, también colabora a que los oídos se taponen pudiendo en ocasiones generar un dolor y malestar importante.

Pero un enemigo para nuestros oídos del que no hemos tratado mucho es el bruxismo. El bruxismo es el rechinar de dientes que algunas personas realizan cuando presionan la mandíbula de forma inconsciente. Normalmente lo provocan situaciones de tensión o estrés ya que los músculos de la boca se contraen apretando la mandíbula y haciendo que los dientes se choquen o rozan entre sí.

Esto provoca un dolor en la musculatura facial que afecta también a otras zonas como el cuello y la espalda. Los dientes, con el paso del tiempo y si el bruxismo persiste, se acaban rompiendo.

Este problema también puede causar dolor de oídos. Esto es porque la articulación de la mandíbula está justo delante de la zona de los oídos y es la encargada de abrir y cerrar la boca. Si el bruxismo afecta a la mandíbula y ésta deja de funcionar correctamente no sólo será incómodo sino que además provocaría dolor de oídos. También nos puede pasar si masticamos chicle de forma excesiva.

Hay que terminar con el bruxismo si queremos que el dolor de oídos desaparezca. Terapias anti-estrés, de relajamiento, relajantes musculares o férulas de descarga son algunos de los tratamientos que pueden ayudar con ello.

Con el paso de los días, si las terapias son efectivas, los dolores de oído, de cabeza y de espalda irán desapareciendo.

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Frío y dolor de oídos

Frío y dolor de oídos

Con la llegada del otoño los primeros fríos hacen acto de presencia. El frío y el dolor de oídos tienen una relación muy estrecha para muchas personas que con el viento otoñal hacen de ello un momento desagradable.

La audición no se ve afectada por este viento y el frío, no sufre alteraciones importantes. Es más, seguro que lo que no sabías es que es al entrar en lugares cerrados y cálidos tras estar en la calle con viento y frío es cuando se pueden provocar las molestias.

El dolor de oídos no es en sí por el frío, aunque tiene que ver. En el momento que llega el frío nuestro cuerpo se protege de forma automática. Con el fin de que el calor no se vaya los vasos sanguíneos que tenemos bajo la piel tienden a contraerse y, por ello, la piel en estos meses de otoño e invierno es más seca porque recibe menos oxígeno y nutrientes.

Los oídos no son ajenos a este hecho. Muchas personas tienen un número de vasos sanguíneos en los oídos mayor que otras, normalmente alrededor de los huesos que conforman el sistema auditivo. Por si no los recordáis: el martillo, yunque y estribo forman este conjunto de huesos y que son los encargados de transmitir las vibraciones que llegan desde el tímpano al oído interno.

Cuando hace frío fuera y estos vasos sanguíneos en la zona de los oídos se contraen deja de circular la sangre como lo hacían antes y por eso no llega al final de los vasos. Esta es una de las causas que pueden provocar el dolor de oídos. El dolor, como hemos comentado antes, es más intenso en aquellas personas que tienen más vasos en esa zona.

La protección de los oídos con bufandas, gorros y orejeras mantiene el calor y evita ese enfriamiento. Si mantenemos los oídos calientes no habrá contracción de vasos sanguíneos y cuando haya un cambio de temperatura porque pasemos al calor notarás menos este hecho.

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